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LABAÑOU – VILCABAMBA
Labañou Solidaria El hermanamiento entre dos pueblos
Las niñas siempre estaban cuidando a la prole de su madre u otras mujeres cuando
estas se iban a trabajar. Sus hermanos iban al colegio, ayudaban en el campo y tenían
tiempo también para jugar al fútbol. Impresionaba la resignación de la gente a su suerte,
la desesperanza y la apatía.
Poco a poco, gracias a esos 16 años de trabajo realizado, conseguimos ir desgranando
y comprendiendo aquella primera impresión de enorme pobreza y tristeza que respiramos
al llegar a Vilcabamba. Tratamos en todo momento de que la gente se capacitase para
intentar salir de esa situación. Con el tiempo fuimos descubriendo que no sólo era fruto
del abandono institucional, la desigualdad y el analfabetismo que sufrían, sino también
de la importante malnutrición y la gran falta de estímulos que padecían desde la infancia.
La metodología de intervención que teníamos prevista, así como nuestro compromiso
ético y político hacía imprescindible dar voz a las mujeres. Eran silenciadas y sabíamos
que, sin mecanismos de participación femenina activa, seguirían siéndolo. Por eso nos
sumamos a la expedición mujeres con habilidades en dinámicas de participación. Alguna
de nosotras ya habíamos participado en la intervención comunitaria Distrito Quinto del
barrio de Labañou, en A Coruña. Una compañera había trabajado en desarrollo en Perú.
Todas estábamos muy concienciadas. Nuestra formación en cooperación era relativa,
pero fue creciendo con el propio proyecto. A medida que éste evolucionaba y requería
nuevos conocimientos, fuimos adquiriéndolos. Fue un trabajo en equipo, con mujeres en
cada expedición para trabajar con los grupos de mujeres en Vilcabamba. Entre todas
teníamos formación en psicodrama, políticas de igualdad y género, trabajo social y
dinamización cultural, además de la profesión que ejercíamos.
Las consultas médicas y de enfermería
La tarea inicial consistió en hacer el diagnóstico social y el de salud. Segregamos los
datos por sexo para poder conocer la influencia del género en la salud de las personas
revisadas. Hicimos consultas médicas y revisiones escolares con la colaboración del
profesorado, las madres y los padres. Diferenciamos también los datos entre niñas y niños.
En los lugares más remotos, el grado de pobreza era tan grande que las criaturas iban
descalzas por la montaña en pleno noviembre. Resultaba difícil volver a ponerles la ropa
tras la revisión médica: ¡No conseguíamos distinguir en sus harapos cual era el cuello o
las mangas, por qué agujero había que meter la pierna, el brazo o la cabeza!, nos iban
guiando, “por aquí, por aquí. ¡Por aquí no!”.
Las revisiones escolares
Las revisiones escolares resultaron muy duras. ¿Qué se puede hacer para operar a una
niña de Vilcabamba de labio leporino? ¿Cómo se puede hacer sostenible el tratamiento
de un niño epiléptico? ¿Quien puede graduar las gafas para un gran miope? En general la
parroquia ayudaba con los casos más severos o urgentes y se hacía cargo de los gastos
médicos y de desplazamientos que las familias no podían ni pensar en asumir. (relación
con la Iglesia, anexo)
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