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LABAÑOU – VILCABAMBA
                  Labañou Solidaria                                            El hermanamiento entre dos pueblos

                     Otras cultivaron huertas ecológicas para alimentar a la familia y vender el superávit.
                  Solicitaron ayuda económica para adquirir semillas y herramientas, y una de las familias,
                  para comprar una moto con remolque y así poder llevar el producto al mercado.

                     El grupo de mujeres tejedoras pidió formación en tintes naturales, acabado y diseño
                  de la prenda. También en promoción para la venta de la artesanía textil y solicitaron un
                  préstamo para arreglar locales en el que instalaron las tiendas y sus telares para mostrar
                  cómo tejían. Se concedieron también microcréditos a mujeres para criar cerdos, pollos y
                  cuyes (conejillo de india o cobaya) que constituyen las viandas tradicionales en Perú.
                  Vendían la carne a los restaurantes o a la vecindad en días de fiesta.

                     La Asociación de Arrieras y Arrieros solicitaron asesoría jurídica para redactar los
                  contratos  con  los  turistas  y  para  la  organización  interna  del  trabajo  de  portes
                  equitativamente. Una de las socias pidió un crédito para comprar un caballo.

                     Los  microcréditos  fueron  fundamentales  para  dinamizar  la  economía  local  e
                  imprescindibles para el éxito de cualquier iniciativa de una mujer. Se distribuyó el dinero
                  de forma equitativa. Tenían preferencia las que tenían o cuidaban a alguien con alguna
                  discapacidad,  las  familias  monoparentales;  después  las  que  estaban  asociadas;  y  las
                  familias estructuradas. Tenían que demostrar la viabilidad de su proyecto y aceptar el
                  seguimiento técnico ofrecido por Labañou Solidaria. (nexo)


                     Son  miles  las  anécdotas  sobre  lo  importante  que  eran  para  ellas  todas  esas
                  microempresas que estaban creando por sí mismas. Un día visitamos a una mujer que se
                  dedicaba a criar pollos y había solicitado un microcrédito. Había separado las aves en dos
                  jaulas que calentaba con lámparas. Pero una de ellas, estaba rodeada a mayores de ropa
                  de casa. Cuando le preguntamos por qué, la mujer nos contó: “los pollitos que comen bien
                  tienen  lamparita,  pero  los  que  no  comen  bien  necesitan  más  calor  y  por  eso  tienen
                  lamparita y ropita”. Extremaba así el cuidado, con un mimo exquisito, de su proyecto
                  económico.

                     Esos diminutos préstamos representan una defensa de la dignidad femenina y un arma
                  poderosa para garantizar la igualdad. Los microcréditos y la formación que conllevaron
                  fueron las llaves de desarrollo de Vilcabamba. Tuvieron muchas carencias desde un punto
                  de vista organizativo porque no conseguimos que la comunidad se hiciese plenamente
                  cargo de ellos y de su reparto. Pero a título individual, cada mujer o familia que recibió
                  una pequeña cantidad de dinero logró transformar su vida. Ellas no cesaban de decirlo
                  agradecidas: “Mi vida ha cambiado. Gracias al microcrédito nuestra vida es otra”.

                     Nosotras percibíamos el cambio de todos aquellos grupos de mujeres que habíamos
                  conseguido dinamizar al principio con recursos tan infantiles, como formar trenecillos
                  humanos para que se movieran, se tocaran, bailaran y aprendiesen a hacer actividades en
                  equipo.  O  recurrir  a  piedras,  para  vencer  su  resistencia  a  hablar  en  público  de  sus
                  sentimientos, emociones y sensaciones. El juego consistía en que cada una contase a una
                  piedra un secreto, un deseo. Luego poníamos juntas todas las piedrecitas para mostrar que
                  una sola no pesaba, no podía cambiar nada, pero un montón juntas sí.




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