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LABAÑOU – VILCABAMBA
Labañou Solidaria El hermanamiento entre dos pueblos
Con el paso del tiempo, fuimos forjando relaciones distintas de aquellas, tan infantiles
del principio con esas mujeres entonces extremadamente inseguras, faltas de autoestima
y sumamente tímidas. Fueron poco a poco mostrándose más atrevidas, emprendedoras,
con mucha picaresca también, sorteando las dificultades de la vida con imaginación.
El viaje pasantía año 2006
Antes del I Congreso Internacional de Turismo Vivencial decidimos viajar a tres
comunidades que hacían turismo comunitario y conocer in situ su oferta al turista. Le
llamaron “viaje-pasantía”. Fue maravilloso. Aquella excursión fue probablemente sus
primeras vacaciones y eso impregnó el ambiente y el espíritu del periplo. Fletamos un
autobús y se apuntaron todas las mujeres que habían solicitado microcréditos para
hostelería y hospedería, así como representantes de las distintas asociaciones implicadas
en el proyecto de desarrollo turístico.
Nada más sentarnos en el autobús, la felicidad fue absoluta para mujeres que se
demostraban a sí mismas capaces de viajar solas, sin compañeros ni hijos, y de dormir
fuera de sus casas, en un hostal.
Observaron cómo vecinas de otras comunidades adornaban sus casas y preparaban sus
productos artesanales para ofrecérselo al turista. Escrutaban atentamente el tipo de
artesanía que realizaban cada comunidad. Se comparaban al alza con otras artes textiles.
La líder y artífice del plan de desarrollo de turismo social de unos de los pueblos que
visitamos era una mujer indígena, Martina. Contribuyó a formar a las mujeres de
Vilcabamba, las arengó a valorar su cultura, su vestimenta tradicional, su idioma. Les
explicaba que eso es lo que quiere ver el visitante, que eso es lo que tiene valor.
Aprender a relacionarse con foráneos era clave. Vivían hasta entonces muy aisladas,
con un idioma que ellas sentían como un factor de marginación. Pero de repente,
descubrieron una comunidad donde su idioma, el quechua, era un valor. Los turistas
querían escuchar quechua.
Aprovechamos los trayectos en autobús de aquel periplo para intercambiar cantos,
cuentos y proyectos. Las mujeres se animaron a participar y hablar en las reuniones, a
poner también en valor sus propios conocimientos tradicionales.
En otra de las comunidades que visitamos, el valor turístico más importante eran las
hierbas medicinales. ¡Pero si Vilcabamba tenía muchísimo de eso! Sus mujeres saben
utilizarlas muy bien, tienen muchas habilidades sanadoras, nunca se les había ocurrido
promocionarlas, ni pensar que tuviesen algún tipo de valor o interés para un turista,
ejercían esas habilidades en la privacidad de sus casas porque consideraban que era otro
signo de pobreza: recurrían a hierbas porque no podían pagar medicamentos.
Nos quedó a todo el equipo que participamos, un recuerdo muy hermoso de aquel
viaje. Fue una actividad bien pensada, muy práctica, en la que sucedieron muchas cosas
valiosas. Aprendimos mucho.
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