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LABAÑOU – VILCABAMBA
Labañou Solidaria El hermanamiento entre dos pueblos
ceder; por lo que el ejemplo cundió y se constituyeron sindicatos campesinos en todas las
haciendas.
Bajo el gobierno dictatorial del General Odria (de 1948 a 1956) los sindicatos fueron
duramente reprimidos, pero continuaron su trabajo clandestinamente. En 1957 casi la
totalidad de los campesinos de la provincia estaban agrupado en sindicatos en los que
arrendires, allegados y sub-allegados se unieron frente a los hacendados y formularon
conjuntamente sus reclamaciones básicas: jornada de ocho horas, derecho a la venta libre
de sus productos, derecho a recibir visitas en sus parcelas, liberación de las mujeres del
trabajo para la hacienda, derecho a construir sus casas con adobes y terrenos para la
construcción de escuelas.
El órgano supremo del sindicato era la asamblea, que se reunía cada mes en largas
sesiones de cinco a ocho horas, en las que se abordaban toda clase de problemas que
afectaban a la comunidad, con activa participación de la mujer desde sus inicios. Se
convirtieron en auténticos órganos de gobierno del campesinado convenciano,
consolidando una fuerte tradición asamblearia que se mantiene hasta la actualidad.
Elegían su Junta Directiva por votación a mano alzada y cada comunidad nombraba dos
delegados para que la representaran en la asamblea general que se celebraba los sábados
en Quillabamba.
El 20 de julio de 1961 varios hacendados borrachos dispararon contra la sede de los
sindicatos en Quillabamba y provocaron una gran reacción. Durante varios días fueron
llegando a Mandor centenares de campesinos y permanecieron acampados celebrando
largas asambleas a la luz de antorchas, hasta que el 20 de agosto de 1961 se aprobó un
solemne documento conocido como “Juramento Histórico” del campesinado
convenciano en el que la rebelión se organizó en torno a una proclama poética:
“El hacendado torpe de estos valles es como un árbol viejo, que se
sostiene parado solamente por estar regado todos los días con el
sudor y las lágrimas del campesinado que no recibe ningún salario
compensatorio por su trabajo, sólo maltratos...” y se acordó alejarse
del hacendado e ignorarlo “desde hoy los campesinos no debemos
tocar ni mirar ese hacendado-árbol”...“y dejar de regarlo sin miedo
a sus amenazas”, seguros de acabar con el de este modo “al paso de
un año o poco más lo veremos seco y carcomido”.
Se proclamó el derecho a la construcción de escuelas para los hijos de los campesinos
y la necesidad de evitar la borrachera. Al grito de “tierra o muerte” todos suscribieron
solemnemente el acta del juramento.
Algunos arrendires habían recurrido a la justicia en defensa de sus derechos, pero las
sentencias fueron siempre favorables a los hacendados, por lo que los campesinos
acordaron ignorar a partir de aquel momento los tribunales y todos los juicios de
desahucio en marcha, que afectaban a cuatrocientas familias.
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