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LABAÑOU – VILCABAMBA
                  Labañou Solidaria                                            El hermanamiento entre dos pueblos

                     El arrendire estaba obligado a pagar un canon, que por lo general no era muy elevado,
                  de treinta a cien soles al año, pero su mayor carga era la obligación de trabajar para el
                  hacendado entre ocho y doce días al mes a cambio un salario, llamado “jurka” o socorro,
                  que suponía la cuarta parte del salario de un obrero libre.

                     El contrato del arrendire incluía condiciones que le obligaban a él y a toda su familia
                  a prestaciones de trabajo para el hacendado, que recordaban el sistema feudal europeo.
                  Las  condiciones  de  “palla”  le  obligaban  a  trabajar  en  faenas  temporales  para  el
                  hacendado. La “palla de coca”, por ejemplo, le obligaba a trabajar entre diez y quince
                  días en cuatro cosechas anuales de este producto. La condición de “maquipura” obligaba
                  a toda la familia a trabajar de dos a seis días al mes en los sembrados de la hacienda. La
                  condición de “faena” le obligaba a trabajar de diez a quince días al año el hacendado en
                  la reparación de caminos, acequias, etcétera. Por lo general el arrendire se comprometía
                  a trabajar para el hacendado doscientas veinte jornadas al año y sólo le quedaban ciento
                  veinte  para  las  tierras  que  tenía  él  en  cultivo.  Los  contratos  detallaban  otra  serie  de
                  limitaciones  que  variaban  según  los  usos  de  cada  hacienda.  En  algunas  de  ellas,  los
                  arrendires  podían  dejar  la  tierra  en  manos  de  sus herederos,  siempre  que  no  hubiera
                  concluido el tiempo de arriendo.

                     Las  condiciones  de  los  allegados  y  sub-allegados  eran  todavía  más  duras.  Y  esta
                  pirámide de explotación se amplió cuando algunos arrendires comenzaron a traer de la
                  sierra a los llamados tiapacoc, los cuales trabajaban para ellos todo el año tan sólo a
                  cambio  de  vivienda  y  comida.  Otros  trabajadores  de  la  sierra,  conocidos  como
                  habilitados, se incorporaban en la época de las cosechas de café y de coca a cambio de un
                  pequeño salario, alojamiento y comida.

                     Permanecieron al margen de este sistema algunas zonas de Vilcabamba. En las tierras
                  más  altas  y  en  las  próximas  al  río  Apurímac  existían  pueblos  libres  en  los  que  se
                  practicaba  una  agricultura  de  subsistencia  basada  en  el  cultivo  de  maíz  y  papa.  Los
                  campesinos  sobrevivían  combinando  pequeños  cultivos  en  la  selva  y  en  la  puna  con
                  algunos ganado en los pastos de alta montaña.


                     Como  norma  general,  el  arrendire  tenía  derecho  a  comercializar  libremente  los
                  productos que obtuviera de sus propios cultivos. Y el principal de ellos era el café, una
                  planta que acabó socavando el poder de los hacendados, porque creó una economía fuera
                  de su control.


                     Con  frecuencia  los  hacendados  cometían  abusos  personales  de  todas  clases,
                  incluyendo el asesinato de campesinos que consideraban rebeldes. Algunos arrendires se
                  pusieron en contacto con la Federación de Trabajadores del Cusco, que estaba controlada
                  por  el  Partido  Comunista  del  Perú  y  el  20  de  abril  de  1947  se  constituyó  el  primer
                  sindicato  agrario  de  la  provincia  en  Maranura,  donde  había  unos  cien  arrendires  y
                  doscientos  allegados  trabajando  en  una  hacienda  de  dos  mil  hectáreas  dedicada  a  la
                  producción de coca y caña de azúcar. Sus primeras reclamaciones fueron la reducción de
                  la jornada laboral de doce a ocho horas y la construcción de una escuela. Al año siguiente
                  comenzaron a abandonar el trabajo al cumplirse las ocho horas y el hacendado tuvo que




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