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LABAÑOU – VILCABAMBA
                  Labañou Solidaria                                            El hermanamiento entre dos pueblos

                     En 1857, treinta y seis años después de la independencia del Perú, el estado peruano
                  creó La Convención, como provincia del departamento del Cusco, con su capital en Santa
                  Ana. Carecía de recursos para organizar un territorio tan amplio y años más tarde se
                  redujo su extensión, que seguía siendo enorme. Tenía casi 300.000 km2 y se dividió en
                  cinco  distritos  municipales.  En  cuatro  de  ellos,  Santa  Ana,  Ocobamba,  Huayopata,
                  Echarati,  las capitales se asentaban sobre  terrenos  propiedad de  las  haciendas  lo que
                  hipotecaba su independencia y su futuro. Solo en el distrito de Vilcabamba la capital
                  municipal estaba en terreno público, pero seguía siendo un territorio tan olvidado que no
                  contó con libros parroquiales para formalizar los registros de bautismo y defunción hasta
                  1881.

                     A  finales  del  siglo  XIX  y  principios  del  XX  la  introducción  de  nuevos  cultivos
                  aumentó la producción en las haciendas. La autoridad política, judicial y religiosa estaba
                  supeditada a los hacendados y a su servicio. En 1898 la provincia de la Convención tenía
                  doce mil habitantes y tres o cuatro mil circulaban por ella anualmente como temporeros,
                  dedicados  sobre  todo  al  cultivo  de  coca.  Había  además  dos  millares  de  indios
                  machiguengas y piros distribuidos en la selva.

                     Aumentó la producción de coca y se inició el cultivo de cacao, pero la desorganización
                  del territorio impedía el desarrollo. Un hacendado con gran visión de futuro, Martín Pío
                  de la Concha, cedió en 1881 la tercera parte de su hacienda de Quillabamba a todas las
                  personas que desearan levantar una nueva población, con el objetivo de “promover el
                  progreso y favorecer el comercio...”. Tuvo éxito su propuesta y tres décadas más tarde, el
                  29 de noviembre de 1919 se trasladó  la capital provincial  a una planicie  junto al río
                  Urubamba llamada Quillabamba, que significa en quechua “llanura de la luna”. También
                  se redujo la excesiva dimensión de la provincia segregando Madre de Dios. A partir de
                  aquí se impulsó la exploración y la colonización de nuevas tierras en las selvas del alto
                  Urubamba.

                     Siglo XX: Arrendires, resistencia campesina y final de las haciendas

                     Las haciendas se fragmentaron en pocos años de modo que a comienzos del siglo XX
                  había ciento sesenta y tres en funcionamiento. De ellas, las ochenta y ocho más pequeñas
                  tenían entre cincuenta y mil hectáreas; había sesenta y tres haciendas de mil a diez mil
                  hectáreas. Mientras que las nueve haciendas más extensas de la región, con un total de
                  320.017 hectáreas, ocupaban el cincuenta y siete por ciento del territorio; incluyendo la
                  gigantesca hacienda Huadquiña que abarcaba 152.840 hectáreas.

                     La hacienda Huadquiña estaba a orillas del río Urubamba, a catorce kilómetros al norte
                  de Machu Picchu, y sus propiedades se extendían hacia el oeste hasta el río Pampas, más
                  allá del Apurímac, ya en tierras de Abanchay y Ayacucho. Era la mayor hacienda del Perú
                  y solo una más de las muchas propiedades de los Romainville, herederos de dos nobles
                  franceses, nacidos en Zammbéns, en la Garonne en el siglo XVIII, que huyeron de la
                  revolución. En Cusco, Edouard y Pierre Romainville brillaron en sociedad y casaron con
                  dos hermanas, Mariana y María Centeno, hijas de la acaudalada dama cusqueña Manuela
                  de Sotomayor, de la cual heredaron enormes propiedades.




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