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LABAÑOU – VILCABAMBA
Labañou Solidaria El hermanamiento entre dos pueblos
La familia Romainville administró la concesión de la Casa de la Moneda en Cusco
hasta que Simón Bolívar les retiró ese privilegio, pero conservaron muchas otras
propiedades. Reunieron una gran colección de antigüedades, pintura y arte colonial que
la administradora de la familia, Mariana Centeno, vendió al museo de Berlín. Más tarde
la familia compró la hacienda Huadquiña y desde 1943 la administró Alfredo Romainville
Garzón, que dejó muy mal recuerdo en la zona como “gamonal” y “abusivo”, aunque
todos decían que era más cruel y despótica su esposa María Vargas.
Su sobrino José Romainville, empleado de banca jubilado que recopiló documentación
de la historia de la familia, ostiene que se ha creado una leyenda negra, que exageraron o
mintieron quienes afirmaron que en la hacienda cortaban la lengua o arrancaban las uñas
a campesinos que no acataban su poder. Sin embargo, en Vilcabamba muchos recuerdan
testimonios de ancianos que contaban que esbirros de algunos hacendados arrojaban a
campesinos rebeldes a los rápidos del río Urubamba desde el puente Chaullay. Algunos
optaron por la venganza y el hacendado Duque murió acribillado a balazos cerca de
Quillabamba.
En 1929 el tren llegó a la altura de Machu Picchu y en 1951 llegó hasta Santa Teresa
y Huadquiña. En las proximidades del tren fueron creciendo nuevos poblados que
cambiaron la fisonomía del territorio; haciendo mas rentable la exportación de café, té y
cacao.
En el censo de 1940 se registró una gran recuperación de la población de Vilcabamba,
que alcanzó 8980 habitantes y se convirtió en el más poblado de La Convención. Una de
las razones fue que las tierras altas no vieron afectadas por las epidemias de malaria que
diezmaron la población de las tierras bajas y cálidas. En años sucesivos se produjo una
cierta migración de las zonas altas hacia las bajas. Mejoraron las condiciones sanitarias
gracias, entre otras razones, a la creación de un hospital en Quillabamba. La población de
la provincia empezó a recuperarse lentamente con el retorno de emigrantes. La excepción
fue el distrito de Vilcabamba donde veinte años más tarde, en 1960, estaban registrados
404 habitantes menos que en 1940.
Los propietarios necesitaban mano de obra e intentaron atraer campesinos a sus
territorios con un nuevo sistema de arrendamiento de tierras a cambio de trabajo. Estos
colonos firmaban un contrato y recibían el nombre de “arrendires”. Tenían un periodo de
gracia de uno a tres años para poner en producción tierras incultas del hacendado y un
acuerdo para explotarlas durante otro periodo de cinco a diez años, prorrogables. A
cambio tenían que pagar una cuota y trabajar para la hacienda.
Con el tiempo muchos arrendires suscribieron acuerdos similares con otras personas
que se establecían en el territorio como “allegados” o “sub-allegados”; los cuales asumían
parte de las obligaciones del arrendire respecto al hacendado. Este sistema piramidal se
extendió rápidamente y en 1961 había en La Convención tres mil arrendires y ocho mil
allegados.
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