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LABAÑOU – VILCABAMBA
Labañou Solidaria El hermanamiento entre dos pueblos
A finales del siglo XVIII la provincia de la Convención tenía 90.000 km2 una
extensión semejante al territorio de Portugaly no superaba los mil habitantes. Pero en el
siglo XIX creció la población, sobre todo por la llegada de trabajadores procedentes de la
sierra; y en 1898 alcanzó 12000 habitantes estables; con 3000 o 4000 personas que
circulaban anualmente como temporeros dedicados al cultivo de coca.
Al final del siglo XIX la población total de la provincia no superaba los veinte mil
habitantes, incluidos dos millares escasos de indios machiguengas y piros.
La población de La Convención fue castigada por varias epidemias de malaria entre
1887 y 1916. Pero la más mortífera se inició en 1932 y hasta finales de los años cuarenta
causó entre diez y quince mil víctimas en la provincia. En algunas zonas murió el ochenta
y cinco por ciento de la población; y muchas personas emigraron huyendo de la epidemia,
lo que agravó la crisis general.
La esclavitud del caucho
En 1745 el científico y geógrafo francés Charles Marie de la Condamine dio a conocer
en París la existencia de un árbol cuya resina se endurecía en contacto con el aire,
conservando propiedades elásticas que no tenían ningún material conocido hasta
entonces. Los omagua llamaban a esta resina cauchu, que significaba árbol que llora y la
utilizaban para hacer pelotas y rudimentarias jeringas. Algunos colonos portugueses ya
habían aprendido a fabricarlas y les llamaban seringas, de donde derivó la expresión
siringar para la labor de extracción de aquella resina blanca que en las distintas regiones
amazónicas recibía nombres diferentes: leche, goma, jebe, borracha, látex, siringa, etc.
Se experimentaron varios usos para aquel nuevo producto que, tras la invención del
proceso de vulcanización descubierto en 1839 por el norteamericano Charles Gooddyear
se convirtió en un elemento clave de la revolución industrial. Bastaba calentar la resina
natural junto con azufre para obtener goma muy elástica y resistente.
El precio del caucho se multiplicó al desarrollarse la industria del automóvil y la
explotación de la Amazonía se convirtió en un gran negocio que en la última década del
siglo XIX atrajo a una horda de peruanos, colombianos, portugueses, e inmigrantes
europeos y asiáticos que se internaron en la selva en busca de látex. Los hacendados los
atraían con contratos engañosos que, a cambio de billetes gratuitos para toda la familia,
les convertían en deudores permanentes, forzados a trabajar en condiciones de miseria sin
poder abandonar nunca la selva. La recolección era muy sacrificada porque los árboles se
encontraban dispersos y a veces muy alejados de los ríos. Y aunque la esclavitud estaba
abolida legalmente, resolvieron su necesidad de manos de obra forzando a los indígenas
a trabajar para ellos.
La explotación cauchera se extendió tan rápidamente que en 1907 el negocio del
caucho llegó a suponer el veintidós por ciento de todas las exportaciones del Perú.
El primer cauchero famoso fue Carlos Fermín Fitzcarrald López, comerciante peruano
nacido en 1862, quién a los veinte años ya había reunido una fortuna recolectando látex
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