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LABAÑOU – VILCABAMBA
Labañou Solidaria El hermanamiento entre dos pueblos
mujeres y estaba ofendido por los sermones de los frailes. Les animó a un viaje a la selva
para que conocieran otros pueblos, los asesinó y destruyo sus iglesias en Quimiri y
Zampati. Pero Zampati fue asesinado por indios cristianizados.
Hubo una segunda rebelión indígena, encabezada por los caciques Mangoré y
Siquirincia, enfurecidos también por la lucha de los frailes contra la poligamia. Atacaron
la misión de Pichanagui, asesinaron a tres frailes y a un lego. De nuevo indios
cristianizados mataron a los rebeldes.
A finales del siglo XVII se redujo la población de la provincia en una proporción de
veinte a uno, según los estudios de Alfredo Encinas. La propiedad de las haciendas
continuaba en manos de un reducido grupo de españoles o criollos, pero cambió la forma
de explotación. Sustituyeron los esclavos por mano de obra asalariada, pero conservando
los propietarios un poder semi-feudal. Extendieron la producción de coca que era
transportada en mulas a Cusco y a Potosí para ser consumida por los trabajadores de las
minas. Pero este comercio cesó a partir de 1776 cuando se decidió desgajar Bolivia y con
ella Potosí del virreinato del Perú, para incorporarlas al virreinato del La Plata, lo cual
tuvo una repercusión muy negativa para el comercio en Cusco y toda su comarca.
En el siglo XVIII la crisis fue tan grave que en toda la provincia solo quedaron
pequeños núcleos poblados en torno a las haciendas. Era un territorio muy aislado, la ruta
con recuas de mulas hasta Cusco llevaba entre ocho y diez días.
En 1715 los frailes dominicos se internaron por la zona del alto Urubamba tratando de
establecer una misión, pero apenas pudieron contactar con algunos machiguengas que
encontraron en su camino y acabaron regresando a Cusco. A final de siglo establecieron
una misión más al norte en el río Choirumbia, pero al poco tiempo fueron asesinados los
dos misioneros por los indígenas. Los franciscanos instalaron otra pequeña misión con
dos religiosos.
En 1780 y 1781 agitó el Perú la gran rebelión encabezada por José Gabriel
Condorcanqui Noguera, que adoptó el nombre de Tupac Amaru II y se proclamó
descendiente del último Inca de Vilcabamba. Los propietarios se sintieron inseguros en
sus haciendas y se redujo la actividad agraria. En 1782 el virrey ordenó recuperar la
producción de metales en Vilcabamba, pero no fue posible.
En el siglo XVIII la iglesia tenía una presencia muy limitada en el territorio de la
Convención con dos clases de sacerdotes: Los llamados “curatos”, nombrados por el
obispo de Cusco; y los “beneficiados”, contratados y pagados por los dueños de las
haciendas.
El párroco de Vilcabamba y el de Santa Ana eran los únicos curatos, dependientes del
obispo, aunque ambos estaban muy influidos por los hacendados. Los sacerdotes
beneficiados dependían completamente de los hacendados, que les contrataban y les
pagaban, y su número varió a lo largo del tiempo según la voluntad de los hacendados.
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